La adolescencia es, por definición, una etapa de cambio intenso. El cerebro se reorganiza, las emociones se amplifican y el mundo social se vuelve más complejo. Cierto grado de inestabilidad emocional es parte del desarrollo normal. Pero a veces, lo que parece "cosa de la edad" es una señal de que el adolescente necesita apoyo.

Como terapeuta ocupacional especializado en salud mental, trabajo con adolescentes que tienen dificultades para regular sus emociones y que ven cómo eso afecta a su día a día: sus rutinas, su rendimiento escolar, sus relaciones o simplemente su capacidad de disfrutar de las cosas.

¿Qué es la regulación emocional?

La regulación emocional es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las propias emociones de manera adaptativa. No se trata de no sentir, sino de poder manejar lo que sentimos sin que nos desborde ni nos paralice.

Esta capacidad no es innata: se desarrolla, se aprende y se puede trabajar. Y la adolescencia es un momento especialmente importante para hacerlo.

Señales de alerta que conviene atender

Estas son algunas de las señales que, si son frecuentes o persistentes, me llevan a recomendar una valoración:

  • Cambios bruscos de humor que desbordan la situación
  • Dificultad para calmarse tras un conflicto o contratiempo
  • Evitación de situaciones sociales o actividades que antes disfrutaba
  • Irritabilidad o agresividad recurrente en casa o en el colegio
  • Dificultad para mantener rutinas básicas: levantarse, comer, estudiar
  • Aislamiento o pérdida de interés en aficiones y amistades
  • Quejas físicas frecuentes sin causa médica clara (dolor de cabeza, de estómago)
  • Comentarios de desesperanza o de no poder con todo

¿Qué puede hacer la terapia ocupacional?

Desde la terapia ocupacional trabajo con el adolescente en las herramientas concretas que necesita para gestionar sus emociones en la vida real: en casa, en el instituto, con los amigos. No solo hablamos de lo que siente, sino que construimos juntos estrategias para que pueda funcionar mejor en su día a día.

El objetivo no es que el adolescente deje de sentir. El objetivo es que sepa qué hacer con lo que siente.

Trabajo también con las familias, porque el entorno es clave. Y cuando tiene sentido, propongo la incorporación a un grupo terapéutico donde practicar estas habilidades con otros chicos y chicas en situaciones similares.

¿Cuándo consultar?

Si reconoces varias de estas señales en tu hijo o hija, o simplemente algo te dice que no está bien, no esperes. Una valoración temprana puede marcar una gran diferencia. Puedes escribirme directamente y te cuento qué opciones hay.