Damos por sentado que podemos ducharnos solos, preparar el desayuno, salir a hacer un recado o simplemente levantarnos de la cama y empezar el día. Son acciones que hacemos de forma automática, sin pensar. Hasta que algo cambia y ya no podemos.

Una lesión, una enfermedad, una crisis de salud mental, el envejecimiento, una discapacidad. Hay muchas circunstancias que pueden hacer que esas actividades cotidianas se conviertan en un reto enorme. Y ahí es donde entra la terapia ocupacional.

¿Qué son las actividades de la vida diaria?

En terapia ocupacional distinguimos dos grandes grupos:

Actividades básicas (ABVD): las más elementales para el cuidado personal.

  • Higiene y aseo personal
  • Vestido y desvestido
  • Alimentación
  • Movilidad y traslados
  • Control de esfínteres

Actividades instrumentales (AIVD): las que permiten vivir de forma independiente en la comunidad.

  • Gestión del hogar y las tareas domésticas
  • Preparación de comidas
  • Uso del transporte
  • Gestión económica y administrativa
  • Manejo de medicación
  • Uso del teléfono e internet

¿Cómo trabajamos desde la terapia ocupacional?

El primer paso es siempre un análisis funcional: qué actividades son importantes para esta persona, cuáles puede hacer ahora, cuáles no puede y por qué. No todos los problemas tienen la misma causa, y la intervención tiene que ser personalizada.

A partir de ahí, el trabajo puede ir en tres direcciones:

1. Recuperar la capacidad perdida. Cuando es posible mejorar la función a través del entrenamiento y la práctica repetida. Trabajamos la actividad en sí misma, con los apoyos necesarios.

2. Adaptar la forma de hacer las cosas. Cuando la recuperación total no es posible, buscamos estrategias alternativas. Hay muchas formas de llegar al mismo resultado.

3. Adaptar el entorno. A veces el problema no es la persona, sino un entorno que no está pensado para ella. Cambios en el hogar, ayudas técnicas, modificaciones del espacio pueden marcar una diferencia enorme.

La independencia no significa hacerlo todo sin ayuda. Significa tener el control sobre tu propia vida y tus propias decisiones.

¿Quién puede beneficiarse?

Cualquier persona que por cualquier motivo esté teniendo dificultades para realizar sus actividades cotidianas. Personas mayores, personas con discapacidad, personas en proceso de recuperación tras una enfermedad o lesión, personas con problemas de salud mental que afectan a su funcionamiento diario.

Si quieres saber si puedo ayudarte a ti o a un familiar, escríbeme y lo valoramos sin compromiso.